24 de octubre de 2019

Pastoral del Circo | Don José Aumente, Galardón Alter Christus de Pastoral Social: “Es precioso hacerme itinerante con ellos, presentarles la persona y mensaje de Jesús desde la Iglesia”

Don José Aumente, responsable de Pastoral del Circo y Ferias
en la Conferencia Episcopal, ha recibido este año el Galardón
Alter Christus de Pastoral Social
Don José es director del departamento de pastoral de Ferias y Circos en la Conferencia Episcopal Española. Es un cura itinerante dedicado a atender a los más de 40 circos que hay en España. Su feligreses son domadores de animales, payasos, equilibristas, magos… A pesar de lo espectacular, “la vida del circo es una vida muy dura”, comentaba cuando el Regnum Christi le entregaba el Galardón Alter Christus de Pastoral Social el pasado lunes en la Universidad Francisco de Vitoria. Para los circenses “su casa es la caravana”, y no tienen una referencia de parroquia como puede tenerlo cualquier otro católico. Sin embargo, explica, "el bautismo les hace hijos de Dios, hijos de la Iglesia, entonces una madre tiene la obligación moral pero también la obligación religiosa de asistirle, porque les ha asumido como suyos". “Mi tarea de Iglesia -explica en esta entrevista- es ir de camino con ellos hablándoles del Señor, acercándoles al Señor, alimentándoles con la Palabra de Dios y la recepción de los sacramentos para que arda su corazón y le sigan por el camino”.

Si quieres ver el vídeo de presentación de don José Aumente durante la entrega de los galardones, entra en este enlace.


Don José, tiene usted que reconocer que tiene unos feligreses en su “parroquia” muy particulares, ¿no cree?

Ya lo creo que lo reconozco. Son feligreses muy especiales en todos los sentidos. Son auténticos feligreses en continua movilidad. Digamos que lo esencial de ellos es su continua itinerancia solo haciendo momentáneas paradas acá y allá.


No sé si son buenos feligreses, de misa dominical o no… pero Usted ha comentado alguna vez que también tienen derecho a tener su párroco, ¿verdad?
Los circenses son buenos feligreses pero no de misa dominical. Suelen ser muy religiosos, pero a su manera; y orgullosos de pertenecer a la Iglesia Católica. Por el sacramento del bautismo todos nos convertimos en hijos de Dios e hijos de la Iglesia. Si la Iglesia es madre no puede dejar a su suerte a esos hijos suyos solo porque tengan un modo de vida itinerante.

La Iglesia por su naturaleza, igual que sucede a los circenses, es itinerante. Jesús manda ir al mundo entero a anunciar el Evangelio. A esto se lo llama itinerancia. Somos, pues, una “Iglesia en salida” que tanto gusta decir a nuestro Papa Francisco.

¿Puede explicarnos en qué consiste su trabajo con el mundo del Circo?
Me fijo principalmente en los circenses porque los feriantes tienen casa y raíces en cualquier pueblo o ciudad. Los circenses nacen donde le llega la hora a la madre e inmediatamente comienza su itinerancia sin pausa alguna. Su casa será la caravana.

La Iglesia tiene obligación de acercarse a estos hijos suyos y acompañar su crecimiento y formación espiritual, así como ofrecerles la fuerza de los sacramentos. Tenemos un buen ejemplo en Jesús que recorría todas las ciudades y aldeas enseñando (Cf Mt 9, 35). En su vida pública Jesús siempre ha sido itinerante. Siempre en camino.

Yo me desplazo allá donde me necesitan, por las razones que sean, y si es por motivo de alguno de los sacramentos, mejor que mejor. Me gusta buscar las ocasiones donde hacerme presente para estar con ellos, charlar y ver el espectáculo, que también les agrada que lo veas.

O sea, que Usted es un cura itinerante…
En Hechos 8, 26-39, tenemos el precioso episodio de Felipe y el etíope. Siempre que tengo ocasión hacemos esta lectura en nuestras celebraciones. Aquí vemos como Felipe sale en su búsqueda, se interesa por el que va el camino, se ofrece a ayudarle y sin dejar su itinerancia inicia la gran catequesis de presentarle la persona y mensaje de Jesús.

Será el etíope quien pregunte a Felipe si puede o no recibir el bautismo. Hay un alto en el camino para recibir el sacramento y después los caminos se separan, pero ambos, prosiguen contentos su camino.

Este es mi precioso trabajo, hacerme itinerante con ellos, presentarles la persona y mensaje de Jesús desde la Iglesia, ganarme su confianza y saber que siempre que me necesiten estoy allí. Siempre queda claro mi actuación en nombre de la Iglesia, su madre que les quiere y acompaña.

Además de atender en los sacramentos, ¿cabe la posibilidad de una formación o una atención espiritual permanente, o al menos con cierta regularidad que les ayude a permanecer atendidos por la Iglesia? Pienso en catequesis de los niños y jóvenes que estén en el circo, por ejemplo...
La catequesis tiene principalmente como fin un sacramento, el que sea. Suelo darles material variado y un elenco de oraciones que les ayude a formarse y a rezar. No es raro ver en las caravanas objetos religiosos e, incluso, un pequeño altar donde tiene las devociones más personales. Internet es un buen medio para llegar y hacerme presente en su camino itinerante. Las iglesias locales no colaboran nada en esta tarea. Hay que ser realistas, hacer lo que se puede y llegar hasta donde se puede. Los padres juegan un papel importante en la formación religiosa de los hijos.

¿Cómo caracterizaría usted a sus feligreses? Los hay payasos, equilibristas, domadores… ¿Pero cómo son en su vida diaria?
Cuando se apagan los focos y los artistas se quitan sus trajes de trabajo y pisan tierra no van de divos por la vida. El circo es como un pequeño pueblo donde se convive con la familia, los amigos, los vecinos. Los niños suelen tener colegio itinerante en el mismo circo y, tanto ellos como los ancianos, son apreciados y queridos.
Difícilmente se separan de los niños ni de los ancianos. El circense de más edad de España está en el circo Quirós con 102 años.

En mi vida itinerante y de acompañamiento a los circenses tengo muy presente el episodio de Emaús (Lc 24, 13-35). En los últimos años están pasando por muchas dificultades económicas y de prohibiciones de ayuntamientos o bien que no les dejan instalarse o que les prohíben trabajar con animales. Son momentos muy duros que a más de uno le hace pensar que este modo de vida, de ir de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad ofreciendo alegría a niños y a mayores, ya ha terminado.

Se necesita la presencia del Señor que anime su tristeza y desaliento para que sigan adelante con aquello que saben hacer y lo hacen bien. El Papa Francisco en un encuentro con ellos el 16 de junio de 2016 les dijo: “Ustedes son creadores de belleza y la belleza nos acerca a Dios. No tienen idea del bien que hacen a la sociedad”.

Mi tarea de Iglesia es ir de camino con ellos hablándoles del Señor, acercándoles al Señor, alimentándoles con la Palabra de Dios y la recepción de los sacramentos para que arda su corazón y le sigan por el camino.

Si bien es verdad de que a los circenses tengo que hablarles del Señor no me olvido mi obligación de pastor de hablarle de los circenses y feriantes a Dios en la oración.

Cuando le propusieron trabajar con el mundo del Circo, ¿qué fue lo primero que le pasó por la cabeza? ¿Se imaginaba que existía esta posibilidad pastoral?
Yo pertenezco al instituto secular “Siervos de la Iglesia” que monseñor Dino Torreggiani fundó en Italia. Por designios de la Divina Providencia, en los años 30 se acercó a estas personas que, como decía él, revolucionaron todo su espíritu, y ya no pudo dejarlos.

Fue el primer sacerdote que se acercó a estas personas y a sus hijos nos ha inculcado este amor. En mi formación siempre los circenses y feriantes, así como los gitanos y encarcelados han formado parte activa.

Después de bastantes años en la diócesis de Palencia, la Conferencia Episcopal me pidió este trabajo como Director del Departamento pero desde hacía muchos años ya iba tras ellos. Dejar la parroquia definitivamente en Palencia me costó y mucho, pero como dice Jesús: “Cuando hayáis hecho todo lo mandado decid: somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Lc 17,7-9).

Pasa desapercibido por la espectacularidad del circo, pero usted también se dedica a los feriantes. ¿En qué consiste este trabajo suyo con este mundo de itinerantes? Debe ser un mundo mucho más disgregado.
Los Feriantes pertenecen a la vida itinerante pero tienen casa donde habitar con la familia y tener su médico, su escuela, su parroquia. Pero es verdad que durante muchos meses tienen que ir por los pueblos y las ciudades allá donde se celebran las fiestas patronales y pueden ganar el pan.

Los feriantes suelen ser individuales. No todos van a las mismas ferias pero suelen conocerse entre ellos. Los feriales suelen tener sus normas y su coste económico. También ellos en los últimos años están pasando por un mal momento. Los impuestos son elevados lo que les obliga a poner un precio alto al disfrute de las atracciones.

La relación con la Iglesia es más difícil pero suelen ser gente abierta y muy sencilla y religiosa a su modo. El trabajo consiste en visitar los recintos feriales y como se pueda saludarles. Del encuentro salen las necesidades que tienen.

Yo les suelo ayudar a gestionar algún sacramento, pero la mayoría de ellos se celebran en sus parroquias y en lo posible con los demás parroquianos.

Después de todo lo dicho termino con las palabras del salmo 16 que hago mías y repito varias veces al día: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano; me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad” (sal 16, 5-6).

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