21 de febrero de 2013

Los Doce: Cuaresma, tiempo de tortilla de patata


"La última (Cuaresma) en casa les dije a mis padres y hermano que Dios me llamaba a consagrarle mi vida y debía dejar la casa". Los Doce han sacado el álbum de sus memorias,  recordando cómo vivían su fe antes de vestir la sotana, en concreto, cómo vivían la Cuaresma en casa. Para algunos, la Cuaresma representa un gran momento en su experiencia de Dios, pero para casi todos, uno de los recuerdos más insistentes es lo relacionado con la comida; en concreto, con el pescado y a la tortilla de patata. Se nota que echan de menos su país. Nos cuentan también que ahora la Cuaresma se ha convertido en un tiempo de "espera anhelante" y ya no solo de cambio de menú. (Continuar leyendo)

Pregunta 8

¿Qué recuerdo tienes de la Cuaresma en casa?




PEDRO DE LA HERRÁN
Recuerdo que no comíamos carne los viernes. Pero si algún día se te olvidaba, era más importante no tirar la comida y simplemente ofrecer algo al Señor como preparación para la Semana Santa. Eso me lo enseñó mi madre. Así que vivíamos estos preceptos no como una camisa de fuerza, sino como una manera de amar a Dios y recibir sus dones.



ALBERTO PUÉRTOLAS
La última en casa opaca cualquier recuerdo anterior. Un miércoles de ceniza, tras la intuición inmediata y las lágrimas de mi madre sólo viendo mi rostro. Aún no había logrado comenzar a hablar, y ella ya sabía que algo que iba a ser doloroso estaba pasando. Les dije a mis padres y hermano que Dios me llamaba a consagrarle mi vida, y debía dejar la casa. Ha sido, con diferencia, lo que más me ha costado hacer hasta ahora. Mi madre, ahora feliz, me dice, “menuda Cuaresma que me diste".


PABLO ROGER

Comer los “buñuelos de Cuaresma”, me encantaban, y los de mi abuela eran los mejores.






JUAN CARLOS VÁZQUEZ
Fue un descubrimiento espiritual muy grande el día en que entendí por qué se ayunaba y se abstenía de carne los viernes de cuaresma. Me di cuenta de que era para asemejarme a María, que ante el dolor tan grande de ver a su Hijo sufrir, no podía ni comer, pues era un dolor tan grade que hasta el estómago se le hacía añicos. Yo también quiero y debo experimentar ese dolor.


MIGUEL SUBIRACHS
Además de lo tradicional, ofrecíamos no ir al cine, escuchar menos música y ver menos televisión para preparar el alma a esos días santos. La dificultad llegó cuando crecí y la música se transformó en fiestas… Entonces, me propuse asistir sólo a las que tuvieran un motivo importante como cumpleaños y que por supuesto no coincidieran con el triduo sacro. ¡Hagan la prueba y verán qué gozada llegar a Pascua!



PABLO LORENZO
Me costaba lo de comer más pescado y menos jamón. También el ayuno porque me hacía bajar el ritmo de entrenamiento de taekwon-do.
Me gustaba porque se notaba un mayor clima espiritual en casa. Notaba que algo grande iba a pasar dentro de poco. La Pasión, muerte y Resurrección de un Alguien, JESUCRISTO, por el que estoy dando mi vida. Él ha sido el que me ha invitado, yo sólo le estoy siguiendo.




JULIO MUÑOZ
Honestamente, nunca fue un período que supusiera un momento de conversión interior - a no ser por el pescado de los viernes que respetábamos fielmente -. Me acuerdo sin embargo que mis padres, ante algo que me costaba (como por ejemplo ponerme a estudiar), me decían: "Julio, que estamos en Cuaresma", y me recordaban el ejemplo de mi tía Carmelita Descalza y de lo que ella rezaba por nosotros en este tiempo. En fin, cosas sencillas y pequeñas a través de las cuales el Señor se hacía más presente en la vida de cada día.







FRANCISCO MATEOS

Lo que más recuerdo es el pescado de los viernes. Cada viernes se las ingeniaban para prepararme un plato que fuese el que menos me disgustaba y pudiese comerlo. Lo bueno venía en la noche con la tortilla de patata.



ANDREU FIGUERAS

Recuerdo de oración, de sacrificio. Una preparación espiritual para los días sacros y mucha austeridad.





MAXIMILIÁ BOGUNYÁ
Recuerdo que como niño nunca terminé de entender muy bien este tiempo de preparación al Misterio Pascual. Quizás porque me quedaba más en el aspecto negativo. Ciertamente eran días de mucha verdura y pescado que, no sé si para incrementar la intensidad del momento, solían ser un poco desabridos. Ahora me río, pero entonces me parecía un verdadero sacrificio. Ya de adolescente mi celo, un poco exagerado, le llegó a dar una vuelta más a la tuerca: Recuerdo haber pasado algunos días sin probar bocado (con su consecuente mal humor). Hoy no digo que mi visión sea mejor (pues a cada edad corresponde una manifestación del amor), pero sí más optimista. No lo veo como un tiempo de voluntarismo, sino como la espera anhelante de un Encuentro, una verdadera Conversión.



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