
Monseñor César Franco, acompañado de D. José María Calderón y del P. Claudio García LC entre otros sacerdotes, presidió la Misa. D. Cesar subrayó en su homilía que la humildad ha de ser la virtud máxima que tiene que acompañar a todo misionero. Recordó que los frutos de la Misión no dependen de nosotros, sino de Dios, utilizando la parábola de la siembra: hay que sembrar sin saber si recogeremos o no, pero con la certeza de que la siembra tarde o temprano germina como un grano de mostaza. “A Cristo nadie le gana en generosidad,” concluyó el obispo. Los miembros de Juventud Misionera, que parten en julio rumbo a Guatemala, participaron en esta misa de envío. En la fotografía aparece Catalina Suanzes llevando las ofrendas a Mons. César Franco.
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